“Comparanoia” ¿cómo manejar la inseguridad?

 

Se tú mismo, los demás puestos ya están ocupados

Óscar Wilde

 

Dentro de las manifestaciones de baja autoestima, existe un término reciente: “comparanoia” o comparación constante con los demás, donde la persona que la realiza se encuentra en desventaja. Esta expresión que une la comparación y paranoia es fuente de malestar para quien la vive.

Alguien con una autoestima sana, puede apreciar e incluso disfrutar del éxito de los demás, pues sabe que cada persona tiene cualidades únicas, y eso no afecta el propio valor. Es perfectamente normal compararse, pero quien se siente inseguro, creerá que debe ser “tan bueno” como los demás, ocasionándole un sentimiento de soledad y dolor emocional.

La paranoia, entendida como desconfianza y recelo hacia los demás, puede ejemplificarse en el “síndrome del impostor”, donde la persona siente ansiedad de ser desenmascarada debido a logros en su trabajo o vida social que percibe inmerecidos.

La ansiedad generada por la “comparanoia”, frecuentemente va acompañada de síntomas de depresión: la desesperanza y la sensación de no poder ser ayudado, pues se tiene la certeza de que nunca podrá llegar a ser tan bueno como “debiera” o como son otras personas a quienes se ha impuesto como referencia.

Quien se siente inferior comúnmente alimenta enojo, resentimiento, envidia, y lo manifiesta estando a la defensiva y lo expresa con agresiones pasivas, que además generan culpa, completando así un cocktail emocional dañino que desgasta no solo a la persona, sino a quienes le rodean. En un extremo, puede conducir al aislamiento y en otro, a atacar a quienes se percibe como una amenaza.

He recibido en mi consulta personas profesionalmente exitosas, que obtienen excelentes evaluaciones de sus jefes y compañeros y, sin embargo, no logran disfrutar el éxito pues, en el fondo, el reconocimiento no concuerda con su autopercepción; la felicitación la perciben como si fuera dirigida a la persona que los demás creen que es y no para quien siente que es. Lo que pudiera coronar un esfuerzo y ser motivo de celebración, se convierte en algo para minimizar, no generar expectativas y no ser descubierto en el “engaño”.

La “comparanoia” se presenta en mayor medida, gracias al papel de las redes sociales que proyectan vidas excitantes, divertidas y exitosas y, aunque también cada vez se promueve más el desarrollo interior, estas imágenes alimentan la tristeza e inseguridad en quienes están más vulnerables: no solo adultos con inseguridades sino, sobre todo, los niños y adolescentes en formación. La comparación no es solo con las personas conocidas, sino con el mundo entero –millones de personas sumando a la presión social.

Al explorar las causas de la inseguridad en una persona, con frecuencia daremos con un entorno familiar exigente, donde la persona se siente constantemente criticada y evaluada, en clara desventaja con sus hermanos o amigos. También puede existir alguna historia de bullying escolar, relacionada con no ser tan alto, guapo, atlético, rico, inteligente o popular como los demás. Estas experiencias, al no ser resueltas, dejaron marcas que siguen impactando a lo largo de la vida.

 

¿Cómo combatir la “comparanoia”?

 

La “comparanoia” es una guerra que se vive con uno mismo. El primer paso será reconocer lo que se está viviendo y estar de nuestro lado. Conocer quiénes somos y qué nos hace únicos. Podemos tener personas que nos inspiren, lo cual es muy positivo y no significa que nos comparemos con ellos o queramos imitarlos por completo. Nadie es su mejor versión tratando de ser otra persona.

Para reducir la excesiva comparación con los demás, es recomendable disminuir el tiempo de exposición a redes sociales. Si queremos hacer una autorreflexión, nos servirá poner el foco en nosotros y no en los demás.

Podríamos preguntarnos ¿con quiénes nos estamos comparando?, ¿qué tipo de personas son?, ¿a quiénes nos recuerdan?, ¿por qué los admiramos? Es decir, tomar conciencia de qué es lo que nos hace dudar respecto a quiénes somos y, después, cuestionar esas creencias –aquellos mensajes que se han convertido en nuestras verdades.  ¿Cómo nos hicieron sentir?, ¿son realmente ciertos? ¿cómo seríamos si pensáramos diferente?

Finalmente encontrar, independientemente de lo que esperan los demás, ¿qué quiero ser yo?, ¿cuáles son mis necesidades?, ¿cuál es el sentido de mi vida?

El balance y la felicidad son conceptos personales. Necesitamos encontrar lo que funciona para nosotros en lo individual y aceptándonos, veremos cómo nuestra relación con los demás también se vuelve más auténtica y satisfactoria. Podemos ser más libres y espontáneos siguiendo nuestro propio camino, perfectamente imperfecto.

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