Terapia familiar… ¿y de empresas?

Como consultora organizacional y terapeuta no puedo evitar comparar a las empresas con las familias. Cuando una familia acude a terapia por tener a un miembro “enfermo” o sintomático que afecta a los demás, se atiende no al individuo aparentemente responsable de la disfunción, sino se busca la comprensión del rol que este síntoma presenta en la familia y de ahí se parte a buscar una estrategia adecuada para promover un cambio.

En las empresas, ocurre algo similar. Cuando se detecta una situación que afecta el funcionamiento adecuado de la compañía, el análisis debe ir en función del sistema como un todo. Así, se inicia trabajando en establecer un diagnóstico que brinde una comprensión integral atendiendo a las diferentes causas y vectores de la problemática. Esto involucra todos los departamentos, ya que mover una pieza implica el reacomodo de todas las demás. No puede haber un cambio aislado: Si algo o alguien en la organización cambia, necesariamente los demás tendrán que hacer su parte.
Es el caso de grandes compañías como Yahoo donde su CEO Marissa Mayer, en el 2013 logró cambiar los engranes de la empresa empezando por enfocarse en que sus empleados se sintieran felices y valorados. Esta motivación logró un mayor desempeño, mejores ventas y más ganancias.
La capacidad de hacer un cambio organizacional habla de la salud de una empresa. Volviendo a la comparación con la terapia familiar, en ésta decimos que una relación no es sana cuando los miembros rigidizan sus interacciones y tienen un patrón que no se adapta a las distintas etapas de la vida familiar. Tratan a los hijos de 15 como si tuvieran 5, mantienen inamovibles las reglas, y esto genera tensión y el surgimiento de conflictos que provocan disfunciones.
Un negocio también pasa por etapas y no se puede esperar que el modelo que se diseñó al comienzo permanezca igual, por lo que se requiere ir rediseñando y adaptándose a los cambios tanto internos –metas, crecimiento y desarrollo de personal—como externos –mercado, economía, etc. Y también, tomar en cuenta que la transformación tocará las metas, roles, valores, prácticas de comunicación, supuestos, entre otros importantes elementos.
En ambos casos se requiere retirar las defensas que obstaculizan el cambio, promoviendo la apertura a nuevos paradigmas y, al ensayar otros esquemas de interacción, comprobar que hay nuevas maneras de resolver viejos problemas. Esta adaptación impactará favorablemente la cultura organizacional y la motivación para mejorar otras áreas.
Bien se dice que las empresas son la segunda casa de quienes forman parte de ella, por lo que la sana relación de sus miembros se vuelve crucial. Una vez iniciado este proceso de mejora, que al principio requiere un arduo esfuerzo, se irá haciendo más fácil continuar el crecimiento de cada uno y lograr los objetivos con una gran satisfacción para todos.

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