El reto de formar hijos responsables

Seguramente, como padres hemos dicho o escuchado frases como: “Su cuarto siempre está desordenado”, “si no estoy encima, no estudia”, “comen y salen corriendo, no me ayudan a recoger” hasta “no acepta perder”, “no hace nada por disculparse o reparar el daño” … y son cuestiones que preocupan y con el tiempo se van volviendo más difíciles de corregir. Lo que tienen en común todas ellas es que provienen de fallas en la educación de la responsabilidad y la buena noticia es que podemos hacer algo para repararlas.

Parte de un desarrollo socioemocional sano incluye el ser responsables. Ser responsable se refiere a la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones, buscando el bien propio y el de los demás.  Es un valor y una actitud que comienza a enseñarse desde una edad temprana en la familia, primero por la observación de los padres y mayores, y después reforzada por la aprobación social.

Un niño siempre buscará sentirse parte del grupo y, por tanto, acatar las reglas sociales.  Hacerlo, forma su identidad, seguridad y favorece su autonomía y autoestima a la vez que impacta de manera positiva sus relaciones sociales. Sabrá asumir el compromiso que implica una amistad a la vez que experimentará la satisfacción de hacerlo.

Sin embargo, en ocasiones por desidia, prisa o creencias familiares, preferimos hacer nosotros las cosas y no les damos la oportunidad a los niños de ir desarrollando las habilidades que les permitan irse convirtiendo en personas responsables e independientes; a tolerar la frustración y esforzarse por obtener resultados sin esperar recompensa inmediata.  Sin quererlo, van creciendo con la idea de que merecen ser atendidos y se prolonga la dependencia a otras personas, a veces, hasta la vida adulta.

Por tanto, si queremos que nuestros hijos sean responsables, tendremos que evaluar primero qué estamos haciendo nosotros como padres en lo que implican los diferentes niveles de responsabilidad:

  • ¿Qué tanto los sobreprotegemos?
  • ¿Les comunicamos de forma clara lo que se espera de ellos?
  • ¿Somos consistentes con la supervisión de estas responsabilidades?
  • ¿Cómo ejercemos la disciplina?
  • ¿Aceptamos nuestras emociones y, por ejemplo, no los culpamos a ellos por nuestra impaciencia o mal humor?
  • ¿Somos responsables de nuestro actuar hacia ellos?
  • ¿Les exigimos conforme a su momento de desarrollo y sus capacidades?
  • ¿Qué tanto los motivamos?

Una vez que reflexionemos en estas cuestiones, podremos hacer cambios en nosotros a la vez que busquemos implementar medidas en casa.  A continuación presento algunas ideas.

¿Qué puedo hacer para promover la responsabilidad en mis hijos?

  • Entre más temprano empieces, más fácil será instalar buenas actitudes y hábitos hacia la responsabilidad.
  • Enséñalos a reflexionar antes de actuar. Que tengan un momento de medir el impacto de sus acciones en vez de reaccionar de forma automática, dando oportunidad de ampliar el número de respuestas posibles.
  • Muéstrales que si se equivocan, pueden afrontar los errores y aprender de ellos. Si saben que cuentan con tu apoyo, será más fácil asumir la responsabilidad de sus decisiones.
  • Dales herramientas para aprender a organizarse.En la medida en que tengan un orden, será más fácil cumplir con sus obligaciones. Un calendario en la pared o una agenda pueden servir de ayuda.
  • De acuerdo a su edad, involúcralos en las tareas de la casa: en la cocina, tendiendo su cama, recogiendo sus juguetes, participando a la hora de hacer las compras, etc.
  • Pregúntate ¿Estoy haciendo algo por él/ella que puede hacer por sí mismo?
  • Explica con paciencia cómo hacer las cosas. Da la ayuda y el espacio que necesitan para hacerlo de manera exitosa y permite que utilice su creatividad si quiere hacerlo de una manera diferente.
  • Enseña, con tu ejemplo, que trabajar en la casa es algo que se disfruta. Si te ven quejarte todo el tiempo, no tendrán ganas de ayudarte o de hacerlo por ellos mismos.
  • Hazlo divertido. Que no lo vean como un castigo sino como una forma en la que todos cooperan para vivir en un ambiente más agradable a la vez que conviven como familia. Pongan música, háganlo como un juego y festejen los resultados.
  • Puedes darles una cantidad de dinero a la semana (algo adecuado a su edad) e irles enseñando a administrarlo, sobre todo enfocándote en el ahorro y la planeación a mediano y largo plazo.Que entiendan que no es recibir dinero como un regalo, sino que supervisarás el manejo y lo ayudarás a tomar buenas decisiones.
  • Reconoce su esfuerzo y se tolerante con aquellas cosas que no dominan. Hazles saber que confías en ellos.

La responsabilidad va ligada a otros valores como la empatía, el respeto, el orden, incluso la caridad.  Dándoles sentido dentro de un marco mayor de bien común, serán más conscientes de su impacto en la sociedad y en el mundo.  Para esto es conveniente tener clara una visión como familia. Si contemplamos que estamos educando adultos, haremos más fácil nuestra tarea.

Por otra parte, la base para que los hijos cooperen y crezcan en la autodisciplina, es la calidad del apego que tenemos con ellos.  Si mantenemos una relación cercana y hay armonía en casa, será mucho más fácil que colaboren y aceptarán mejor nuestra guía y corrección.  Por otra parte, se darán cuenta que, al poder tener mayor autocontrol, se reduce su egoísmo y encontrarán gusto en atender a las necesidades de los demás.

Frecuentemente, solo se necesitan algunos ajustes en la forma de ejercer nuestra parentalidad. Con dedicación, podremos ir cambiando el rumbo, y tener la satisfacción de brindar al mundo ciudadanos responsables.

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