El 51.2% que puede hacer la diferencia

“El feminismo, a diferencia de casi todos los otros movimientos sociales, no es una lucha contra un opresor distinta – no es la clase dominante o los ocupantes o los colonizadores – es contra un profundamente arraigado conjunto de creencias y supuestos que nosotras, las mujeres, con demasiada frecuencia, nos hacemos.”

Kavita Ramdas

 

Pensando en esta próxima época de elecciones en México, veo la participación creciente de las mujeres en la vida política, así como en la económica y en el mundo de las ideas y las importantes decisiones en las que ahora intervenimos y me conduce a varias reflexiones.

Para empezar, el camino desde que las mujeres cumplimos la “mayoría de edad” para votar en México, tiene menos de 65 años, por lo cual apenas estamos estrenándonos en un camino que los hombres llevan toda una historia protagonizando.

Esto implica que todavía sigamos experimentando con un rol en el que tenemos que balancear la vida de madres, parejas, profesionistas y participantes activas de las decisiones políticas del país.  Seguimos abriéndonos camino en un ambiente adverso, pero donde frecuentemente, nosotras mismas con creencias limitantes nos ponemos los principales obstáculos para ser exitosas.

En México, en el conteo del INEGI del 2015, las mujeres constituíamos el 51.2% ante el 48.8% de hombres, lo cual implica que nuestra participación es decisiva para mover la balanza en uno u otro sentido en unas elecciones o en cualquier cambio social o cultural que nos propongamos.

Existe el concepto del “techo de cristal” que podemos aplicar no solo a las limitaciones veladas en el ascenso laboral de las mujeres y las minorías, sino a las creencias y supuestos que nos repetimos día a día y limitan el ascenso tanto hacia nuestras propias metas como al tomar un rol activo en la participación ciudadana. Frecuentemente, nos boicoteamos con frases como “no es para mí”, “no me van a escuchar”, “el problema es muy grande para que yo pueda hacer algo”, “no tengo tiempo”, “eso es para hombres”, etc.

Sin embargo, podemos motivarnos atendiendo las historias de mujeres mexicanas que cuestionaron estas creencias y tuvieron resultados sobresalientes tanto para ellas como para el mundo.  Me vienen a la mente casos en distintas áreas de influjo.

Dentro del campo de la literatura, un ejemplo destacadísimo es Sor Juana Inés de la Cruz, quien superó condiciones de vida muy adversas siendo hija ilegítima y, teniendo pocas opciones, se refugió en la vida monástica donde pudo dar rienda suelta a su mayor pasión: la escritura.

Frida Kahlo, a pesar de una precaria salud y su relación enfermiza con Diego Rivera, pudo cuestionar algunas importantes creencias imperantes en una cultura machista y abrirse paso hacia la libertad a través del arte, con lo que abrió una ventana de esperanza a muchas mujeres.

En la política actual, uno de los ejemplos de resiliencia y perseverancia que admiro, es el de Xóchitl Gálvez, quién rompió el techo de cristal al haber nacido con ascendencia otomí y a través de mucho esfuerzo y una visión clara de su futuro, pudo llegar a ser una gran influencia para las mujeres indígenas en México.

Así, podemos seguir citando casos de mujeres destacadas que más que las habilidades que poseían, fue la determinación y una mentalidad positiva ante las adversidades lo que las llevó tan lejos.  No culparon a sus circunstancias físicas, étnicas, de salud, a su entorno familiar o social, sino que asumieron la responsabilidad de su vida y fueron valientes al defender su identidad y los valores que la sustentaban.

¿Cuáles son las creencias que están deteniéndote para cumplir tus sueños?, ¿de qué manera te “metes el pie” y detienes tus avances? Y no sólo eso, sino ¿qué hay detrás de esas creencias limitantes?, ¿cómo contribuye tu historia a los frenos que te autoimpones?

¿Cuándo fue la última vez que fuiste valiente?, ¿qué hiciste escuchar tu voz y tus ideas?, ¿te refugias en la comodidad del puesto de espectador o asumes un rol activo en los diferentes ámbitos que te competen?, ¿quiénes son tus modelos?, ¿a quién sigues en redes sociales?, ¿qué lees?, ¿de qué llenas tu mente?

Hoy en día hay muchas causas por las cuales luchar además de nuestras familias o nuestra profesión: el mejoramiento de nuestro contaminado ambiente; la disminución de las cifras alarmantes de abuso de sustancias en los adolescentes; la epidemia de problemas de salud mental tales como ansiedad y depresión provenientes de un mundo que gira cada vez más rápido y donde nos ubicamos cada vez menos; el ataque a la corrupción; la participación política, etc. Y tú, ¿en qué decides participar?

Recuerda que nuestra influencia es decisiva para mejorar las cosas o permitir que sigan el mismo curso… Sacudamos la comodidad que nos adormece y salgamos a mejorar nuestro mundo.  Tenemos más poder del que creemos, sólo es que hagamos conciencia de nuestras excusas para no asumirlo.

Publicado en la revista BCM Woman No. 51 Marzo/Abril 2018.

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