“Amores pérfidos” de Javier Potes (Literalika, 2018)

Escribir cuentos es un difícil arte.  En unas pocas líneas se tiene que englobar toda una novela. Pocos logran completar esta labor de síntesis con éxito.  En “Amores pérfidos” Javier Potes presenta cuentos que, siendo breves, muestran una historia completa y a la vez, abierta, donde deja la labor de hacer una reconstrucción al lector, quien traslada los personajes del libro a las propias experiencias.

Javier realiza un análisis de los amores “pérfidos”, palabra que alude a una frase de su padre, dando una interpretación metafórica y llena de simbolismos a emociones que no podrían estar expresadas con tanta precisión si se plasmaran de manera directa.  Así, los amores muertos son seres que deambulan eternamente, la melancolía se traduce en un color azul verdoso en la piel y el amor tiene olor a mandarina.

A través de las diversas historias, vemos fluir constantemente, con gran creatividad, un río de emociones donde el dolor y la desilusión se transforman en esperanza, la esperanza en tristeza y soledad, para luego volver con algo de humor a vislumbrar la luz: altas y bajas que son parte de la intensa vivencia de cada personaje.

En los cuentos, se habla de la añoranza de un amor idealizado pero que a la vez sí existe… de no conformarse con una vida de muertos, sino tener la valentía de buscar la pasión aunque haya que brincar obstáculos que atraviesan a otros mundos.

En este proceso observa con detenimiento la historia de amor de tantas personas que deambulan vivas o muertas, mientras se entretienen en su caminar por las plazas del pueblo, viajes de vacaciones, comidas en restaurantes y otros escenarios que sirven de contexto a lo verdaderamente importante: el amor como motor de sueños y como el verdadero sentido de todo lo que se hace.

Los cuentos abordan el tema de las desilusiones –ingrediente inevitable de las relaciones humanas—desde varios ángulos y aplicado a diversos tipos de amor y de desamor.  Hablan del amor pactado de cierta manera y que no ha sufrido modificaciones pese a que el mundo en que se vive ha cambiado.  Hablan del amor que se desborda del molde de las convenciones sociales y no encuentra un acomodo.  Del amor condenado a una muerte lenta, que se vive con estoicidad y paciencia. Del amor que vive el “deber ser” sobre el deseo; el orden sobre la pasión y la conveniencia sobre los riesgos de una relación original y única.

Cuando los personajes viven el amor idílico, es por momentos de breve felicidad, como quien busca atrapar una nube o la música de una canción que pasa.  En este sentido, se habla del amor ingrato, del amor que utiliza al otro para su propia liberación personal y que deja vacío, confundido y con una carga que brinda la experiencia de una vivencia intensa pero efímera…. Incluso que deja dudando ¿pasó o no pasó?

Así se presentan constantemente dualidades: el amor es imposible y a la vez posible; siembra culpa y redención; acerca pero aleja; da vida y mata…  Además, se conjugan los planos real e imaginario, el inconsciente y consciente en un vaivén donde los límites se traslapan y a través de los cuentos se va buscando un mayor entendimiento de esa realidad inasequible, pero siempre probable.

En cada cuento existe un elemento de esta disparidad en la temporalidad donde se quisieran empalmar mundos con telepatía, con un libro-máquina del tiempo, u otros recursos tan reales como mágicos que dan vida a un tiempo compartido, un tiempo que no se mide por minutos ni horas, sino por sentires y vivencias.

Los cuentos, a pesar de ser dramáticos por la imposibilidad de la felicidad utópica, tienen la gracia del humor con sabor a cítricos del norte, a la sencillez de los pueblos –ya sean mexicanos o colombianos—y de la gente que vive las tragedias como algo que si no tiene lógica, sólo se explica con un “noooo, pos quién sabe”.

Finalmente, la vida es así, perfectamente imperfecta… finita pero infinita, lógica pero inexplicable e impredecible… complicada pero a la vez fácil de entender si se quitan las pesadas gafas del convencionalismo.

Por lo que la lectura invita al cuestionamiento de la situación que cada quien vive en sus relaciones, y si se está viviendo o no de tal forma que se hagan realidad los ideales imaginados.  Y aterriza y antoja el cumplimiento de sueños tan sencillos y tan valiosos como poder disfrutar un café y un pan dulce en compañía de la pareja con quien se tenga la libertad de ser uno mismo.

Lorena Morales González

San Pedro Garza García, N.L., abril de 2018.

 

 

 

 

 

 

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